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Phoenixflambeau Bilbao, Bizkaia/Vizcaya Spain 36 Monday, September 12, 2005 not provided |
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La vela casi extinta, se debatía en sus últimos esfuerzos por continuar ardiendo, mientras su tenue luz palpitaba agonizante en aquella lóbrega habitación. Un leve susurro, casi imperceptible, seguido del movimiento de una arrugada y huesuda mano bastaron para que todo volviera a empezar una vez más. La llama se avivó en la cúspide de una nueva vela reaparecida de la nada. ¿Cuántas veces se habría consumido ya? ¿Cuántas veces habría resurgido de sus fundidos rescoldos? Hace tiempo que dejó de importar. La vida y la muerte eran viejos conocidos para la alargada silueta que se erguía frente al viejo atril de madera a escasos centímetros de la vela.
Una página más... Dedalus de Verditus siempre esperaba encontrar la respuesta en la página siguiente, pero ¿cuántas páginas había dejado ya atrás?, ¿cuántos años, incluso siglos, había dejado atrás? Eso carecía de importancia.
Sólo una página más... el polvo acumulado sobre los viejos volúmenes, escritos en lenguas hace tiempo olvidadas, guardando en silencio secretos que no desean ser olvidados, pero que sólo unos pocos... muy pocos, son merecedores de conocerlos.
Una nueva vuelta de página... la llama de la renacida vela dibujaba sombras del pasado, curiosas, intranquilas, que se asomaban una y otra vez deseosas de conocer qué es lo que el viejo mago buscaba con tanto esmero.
Un tímido golpeteo rompió el silencio y devolvió al anciano a la realidad de su laboratorio. Un nuevo golpeteo, esta vez más fuerte, le avisó de que no estaba solo. Dedalus alzó lentamente la cabeza dejando entrever unos ojos profundos, oscuros e insondables entre su larga mata de pelo blancuzco. Sólo una palabra susurrante salió de sus resecos labios, “Avante”, pero que resonó atronadora en el imperturbable silencio de su Santum. La puerta obedeció a su amo con un chirrido y quedó entreabierta, dejando escapar al exterior el rancio olor de las velas y los libros viejos, que llegó hasta el joven Jean Paul. Su vista se dirigía al suelo. Pese a contar tan sólo con 12 años de edad hace tiempo que aprendió que la curiosidad no es buena compañera, no al menos cuando se trata de asuntos de magos. Su voz sonó temblorosa y casi imperceptible, -“Señor, disculpad mi intromisión, pero los invitados que esperaba ya han llegado y reclaman su presencia en la sala de concilios”-. Un quedo asentimiento bastó para que el joven sirviente se retirase.
Las tapas del viejo libro se cerraron haciendo crepitar sus páginas bajo su peso. Dedalus avanzó lentamente hacia la puerta mientras giraba la cabeza hacia atrás con mirada pensativa...-”quizá mañana lo encuentre,... quizá en la próxima página”-.
El lúgubre pasillo, tan sólo iluminado por un par de distantes antorchas e inundado por el olor a humedad del subsuelo, se perfiló ante él cuando traspasó el umbral de su Santum. El anciano lo recorrió lentamente hasta alcanzar la escalinata.
Con la respiración agitada por el esfuerzo, culminó su ascensión deteniéndose sólo un instante, para retomar el aliento que se le escapaba debido al esfuerzo, miró hacia atrás recordando otros tiempos, cuando sólo era un aprendiz y subía el angosto pasaje corriendo sin necesidad de hacer ningún esfuerzo, pero el tiempo no perdona y su inexorable paso hace mella en todos, incluso en los magos más poderosos. La voz del joven Jean Paul le despertó del trance de sus divagaciones - – “Mi señor, ¿os encontráis bien?” – - Dedalus no contestó y se limitó a continuar camino, no había que hacer esperar a las visitas.
-“Salve Sodalis, sed bienvenidos a la Rosa Negra, imagino lo que os trae por aquí. No sois los primeros que venís a esta mi morada en busca de conocimiento, aunque ciertamente parecéis más jóvenes que la mayoría. Sea como fuere, sabed que las puertas de mi biblioteca están abiertas para todos aquellos que ávidos de conocimiento deseen consultar sus volúmenes o simplemente deseen contrastar impresiones sobre los mismos ante un buen fuego y una copa de buen vino. Otras tareas reclaman mi atención en este momento así que mi pupilo Phoenix de Flambeau se encargará de atender sus necesidades durante su estancia. Confío en que todo cuanto encuentren sea de su agrado”





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